lunes, 22 de abril de 2013

#democraciahacker: cuando el tiempo nos escoge



No puedo pasar por alto las ideas que se vierten en el libro de César Ramos en relación con este nuevo tiempo que nos ha elegido. Las reflexiones propias, las experiencias en las que se apoya, el prólogo acertado de Pilar Velasco, las repercusiones atemporales en la telaraña de la red, las excelentes aportaciones de quienes, como Carlos Castro o César Calderón entre otros, públicamente presentan y presentarán el libro junto a su autor...

No puedo decir que acabo ahora con este libro. Creo que he tenido el privilegio de ser uno de los primeros que lo ha leído, y ya ha pasado tiempo desde entonces, y cuando hoy me lo han recordado, también caí en que no he tenido oportunidad de reflexionar sobre el conjunto de lo que añade al escenario actual.

Todas y cada una de esas consideraciones son superfluas y por sí mismas no constituyen nada más que el imaginario habitual del indignado de la calle. Estamos frente a un libro de ideas que necesitan de la aquiescencia colectiva para pasar de ser propuestas a ser realidades. Lo que está claro es que muchas de ellas terminarán siendo. Y lo harán obligadas por la inercia de este tiempo. Un nuevo tiempo que nos ha elegido y que todavía duda de qué papel otorgarnos. Como sociedad tenemos dos opciones: darnos cuenta de que a este tiempo y a esta época le damos igual y no ser más que unas meras comparsas insulsas o realmente asumir que queremos pasar a la historia colectiva y ponernos a la altura de lo que el tiempo nos demanda.

Seguramente quienes de forma separada crearon todas las modernas herramientas de que disponemos, y que lo hicieron en en garajes o en zulos inhabitables, en universidades o en un aprendizaje autodidacta, no imaginaron nunca el poder que iba a generarnos la suma de todas ellas.

Seguramente quienes optaron por legislar desde las instituciones públicas, con vocación de servicio, y garantizaron en esta sociedad occidental un estado del bienestar, una igualdad y unos derechos humanos no imaginaban que íbamos a estar en el precipicio al borde de morir de éxito.

Esta sociedad actual se ha convertido en la de la división y en la resta geométricas. Íbamos camino de sumar y de multiplicar derechos, creímos que nuestra capacidad para producir nuevas mejoras sociales no iba a terminar nunca. Pero de pronto, un cataclismo social, con epicentro en el estado del bienestar y en el inconformismo ciudadano, ha hecho acto de presencia. Necesitamos una nueva era de la democracia. Debemos invertir el orden de los mitos, y tenemos que procurar que ya nunca más sea Saturno quien devore a sus hijos, sino que seamos nosotros, hijos de esta época, quienes elijamos cuándo devorar a Saturno.


Este tiempo nos ha elegido y puede pasar por nosotros. Colectivamente, pues ya no caben personalismos de antaño, tenemos que asumir que queremos pasar a la historia colectiva. Generacionalmente, sin manifestos de edad cronológica sino de actitudes ante este tiempo, estamos en condiciones de coger de la mano la realidad y de pasear por las calles y avenidas, para que terminen siendo aquellas alamedas, aquellas libertades que tantos y tantos soñaron antes que nosotros y que hoy, por fin, rebelándonos colectivamente, podemos lograr. Hay que ponerse manos a la obra.