domingo, 24 de enero de 2016

Reflexiones sobre las elecciones generales (III)

Tras la boutade de Rajoy de declinar la investidura, el escenario que se abre es todavía más incierto. Todo ello tras la inapropiada, por ser suave, rueda de prensa de Pablo Iglesias, que se sintió en una película cuando quiso erigirse en vicepresidente in pectore. Varias ideas

- Rajoy ha sido un completo irresponsable. No entiendo cómo el Partido Popular se lo consiente. En unos momentos de tan grande inestabilidad tiene que asumir el papel que le han otorgado las elecciones. Y si declina formar gobierno, debe dejar la política de inmediato. El jefe del estado no puede designarle jamás candidato a la investidura sea en segundo o en tercer intento. Aparte que el discurso cacareado de dejar gobernar a la lista más votada que ha tenido el PP en los últimos años ha quedado dentro de una fosa séptica y está ya en proceso de descomposición.

- Pablo Iglesias debe hacérselo mirar. Suscribo casi punto por punto el último artículo de Ibarra sobre este asunto. El órdago que ha echado debe ser respondido con firmeza por la dirección socialista. Los tiempos los marca primero el Jefe del Estado y segundo el segundo partido más votado si fuera el caso. No cabe ni un segundo de atención a una propuesta que es estalinista cuanto menos. Cada vez recuerda más Pablo Iglesias a aquello de Marx, de Groucho, de que esos son mis principios y si no les gusta tienen otros.

- Albert Rivera se equivoca hoy por hoy. Una solución lógica y que dote de estabilidad a España solo pasa por el voto afirmativo de Ciudadanos. Bien al PP, bien al PSOE. Por lógica, debería ser a Pedro Sánchez por comportar un nuevo proyecto, una voluntad reformista y una apuesta clara por la regeneración democrática.

- Pedro Sánchez debe ser firme en sus convicciones y en las siglas que tiene detrás. No cabe acordar nada con Podemos con un líder endiosado como Pablo Iglesias. Sus votantes ejercieron el voto libremente, pero la ceremonia de la confusión en la que se instala Podemos no cabe pensar que tras el encantador de serpientes que hay, haya bonhomía o transparencia. Solo veo hoy por hoy arrogancia y un afán desmedido por alcanzar el poder a cualquier precio, destrucción del PSOE mediante. Habrá que preguntarse, o habrá que preguntar, qué preferimos votantes, militantes, cargos públicos y dirigentes socialistas.

Conclusiones. Si hay que encomendar investidura al PP, nunca puede ser ya a Rajoy. Si optamos por cambio, Pedro Sánchez y el PSOE con un programa acordado con quienes quieren un cambio sincero, sin intereses ocultos, buscando el acuerdo entre otros con Ciudadanos e Izquierda Unida. No veo una tercera vía. Y a partir de ahí, que cada cual se retrate. Y si hay que ir a nuevas elecciones, como votante, militante, cargos público y dirigente socialista, sugeriré, y así lo haré, que no demos ni un solo espacio de aire a quienes solo quieren destruir un proyecto centenario como el del PSOE.