lunes, 1 de febrero de 2016

Reflexiones sobre las elecciones generales IV

Estamos llegando a la última fase. La fase en la que quienes más tienen que ganar, aparentemente, si hay elecciones generales de nuevo, PP y Podemos, van por una parte, y quienes más tienen que perder, aparentemente, si hay elecciones generales, PSOE y Ciudadanos, van por otra. Eso para quien quiera conjugar el momento usando los tiempos electorales.

Porque también podría ser que PSOE y Ciudadanos estuvieran siendo los partidos que tuvieran claro que nuestro país necesita un gobierno, estabilidad, reformas y pensar en la gente, y sin embargo PP y Podemos estuvieran centrados en otros cálculos.

Diseccionemos.

El PSOE está internamente hablando con luz y taquígrafos. Y externamente también. Y externamente aunque se hable internamente, cosas de los medios y del afán de filtrar de algunos, parece. Hace unos años hubiera constituido un verdadero escándalo saber que hay una grabación del comité federal. Hoy día, con militantes y dirigentes, tanto monta monta tanto, hablando en cualquier lugar, las grabaciones del comité federal casi que forman parte del ejercicio de transparencia y de demostrar que si alguien está hablando y debatiendo ese es el PSOE. Es, somos, el único partido que ha dicho claramente cómo puede gobernar y que ha presentado un bloque amplio de medidas para debatir ya.

El PP está destruido. Inmóvil, con Rajoy más pusilánime que nunca, con muchos de sus cuadros desnortados, con una operación anticorrupción gigantesca en Valencia, sus pasos van encaminados a quedarse quieto y a esperar a que fracase el PSOE. La evidencia de su actitud está en el anuncio de que votarán en contra a cualquier candidato que no sea Rajoy. Quizás ahora entendamos un poco más el titular con el que ilustraba El País la entrevista a Felipe González de hace unos días. La apuesta es casi suicida: apuestan todo a Rajoy.

Ciudadanos está empezando a moverse. Sabedores de su papel central, pese a que apenas tengan poco más de una octava parte de los diputados, conscientes de la importancia de su papel, su rol está en bandeja orientado a Pedro Sánchez. Solo alguna noticia negativa relacionada con el PSOE truncaría que en unos días, si hay encargo de investidura, no hubiera un acuerdo de mínimos y no quisiera Albert Rivera en erigirse en desatascador de la situación tan compleja que tenemos.

Podemos ha jugado al mus sin saber si los otros querían jugar, sin saber si a Pablo Iglesias alguien le aceptaba de pareja, y ha echado un órdago a todo sin tener ni pares ni juego. Podemos explosionó su jugada, contó con la complicidad de Ferreras, habló de sillas, sillones y de personas y se refugió en su trinchera. Podemos, que hasta hace unos días anunciaba su no a Rajoy, hoy ya anuncia su no a un posible gobierno de Pedro Sánchez apoyado por Albert Rivera. Un no a un gobierno de cambio, progresista, limpio y de regeneración democrática. Un gobierno con todos los ingredientes deseables para Podemos excepto aquel que quiere estar en todas las salsas, el de Pablo Iglesias.

La realidad es que si Pedro Sánchez va de cabeza a la investidura casi de manera irremisible. Por méritos y por galones de su partido seguramente, por la historia de la responsabilidad, pero también por la escandalosa incomparencencia del PP y de Rajoy. Y en ese momento, habrá tres bloques.

Los que se pondrán de acuerdo, o al menos querrán hablar entre sí: PSOE, Ciudadanos o Izquierda Unida.

Los que bloquearán todo lo que no signifique contar con ellos: PP y Podemos.

Los que nadie quiere ahora mismo como compañeros de viaje: nacionalistas.

Con este escenario llegar a un acuerdo es algo complejo y a priori imposible. Ahora bien, si el PSOE llegara a un acuerdo de gobierno ilusionante, reformista y progresista, con medidas concretas, en un debate de investidura y tanto PP como Podemos votaran dos veces en contra, y nos viéramos abocados a unas nuevas elecciones, el daño estaría hecho. Y quizás, entonces, los encantamientos del asalto a los cielos terminarán evidenciando que todo fue un mal sueño, que solo querían un sorpasso, que solo querían sillones, que solicitaban ministerios poco sociales y que solo les vale la destrucción del PSOE para llegar al poder, o dicho de otra forma, egoísmo partidista previo desencanto de sus propios votantes, a quienes hoy por hoy están engañando.