jueves, 20 de octubre de 2011

Blackberry adultescente

Sería demasiado obvio que en el momento de lanzar alguna idea sobre los comportamientos de los jóvenes de hoy día hablara del Tuenti. Sería apostar a caballo ganador. Eduardo Verdú acuñó en un libro, hace ya una década, el término adultescente. Es el adjetivo que se me ha venido a la cabeza para intentar abarcar el uso que desde los quince años actualmente se da a un dispositivo como las blackberrys. Por supuesto, no las llames así si estás delante de un chaval de quince o veinte años. Habla de bb y si tienes una estás tardando en pasarle el pin, y si hablas y no te contesta haces un ping.

Un modelo concreto se ha extendido como la pólvora. A cualquiera que le interese un smartphone lo que le interesa es, entre otras cosas, que la navegación sea lo más rápida posible. Es difícil, por tanto, encontrarse con un móvil que no tenga tecnología 3G. A no ser, claro está, que sus potenciales usuarios sean adultescentes sin recursos, pero con muchos más que los que teníamos con su edad, y que basan su modus vivendi no ya en la navegación en internet, ni tampoco en el envío de correos, sino en aplicaciones de envíos de mensajes gratuitos que lo que realmente les ahorra es dinero, mucho dinero.

Se ha establecido, pues, una curiosa forma de relacionarse a través de una herramienta que para nada fue pensada para jóvenes. Unas relaciones humanas menos humanas pero quizás más relaciones, seguro que defendidas a ultranza, por la frecuencia con la que se mantiene el contacto. Un espacio donde poder hablar con uno o con varios, donde poder intercambiar fotografías o vídeos.

El siguiente paso es darle normalidad a esto, y generar herramientas y usos que se extiendan más allá del ocio o del hecho de hablar por hablar. La pelota está en el tejado de quienes diseñan aplicaciones, de quienes las usan, de quienes educan, de quienes hacen posible que un chaval de esa edad tenga el móvil que tiene... Si no se da ese paso necesario, posiblemente hayamos perdido una oportunidad para incrementar y fortalecer relaciones y para aliarse en un mundo de posibilidades que quienes mejor lo entienden son los jóvenes. Tiempo al tiempo

Bonus 1: háblame que me aburro (conversación de mañana de dos adolescentes de quince años a través de tuenti usando su blackberry. Por supuesto, estaban en clase)

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