martes, 14 de septiembre de 2010

Grillos, culturas y anhelos de libertad

Hace días me decían dos amigos que quizás el arte contemporáneo haya rebasado las líneas básicas de la creación y del concepto para llegar a que cualquier cosa vale. Su criterio tan extremista no lo comparto, pero sí creo que es un punto de partida válido para situaciones como las que hoy suceden en Cáceres.

El punto de partida, para los que esperen sacar rédito de esto, es diferente al que muchos podíamos imaginar hace años. Es decir, tenemos una vida cultural muy importante, exponencialmente mayor si hablamos de exposiciones y de muestras como la de la Habana. Buena parte de la responsabilidad la tienen las instituciones, pero sin duda no sería posible el sano ambiente cultural de Cáceres, zona de Pizarro mediante, sin la participación muchas veces desinteresada de artistas que a su vez mueven a otros y que crean una vorágine que no la parará ni el 2016. Moraleja del párrafo: eppur si muove

Sin embargo, la borrachera de creación, la existencia de espacios gestionados por los propios artistas donde no hay mayor injerencia que la creación del artista que se suma a un todo desde su propia libertad, hace que nos enfrentemos a situaciones puntuales.

Sucedió hace meses ya que esa libertad llevó a un grupo de artistas a desmarcarse de una muestra que próximamente verá la luz. Me refiero a la que tendrá como centro de atención a Belén Esteban. Tanto en una, la de la Esteban, como en esta, la de los grillos hay un elemento que quiero destacar. Las instituciones no han estado presentes en la selección de contenidos y de obras. No quiero decir con esto que las instituciones deban censurar, pero sí que apelar a la libertad como seña de identidad tiene un límite. Estoy seguro que una institución pública, independientemente del signo político, no hubiera avalado una instalación con animales no ya vivos sino agonizando como el caso de los grillos.

No todo vale en la cultura y muchas veces los propios artistas prefieren pasarse a quedarse cortos. No quieren enjuiciar el trabajo de los demás para que su propio trabajo no se quede en entredicho. Es una posición lícita, casi siempre muy respetable pero que en ocasiones como esta tiene sus riesgos. Y los riesgos terminan siendo los de siempre: ruido mediático innecesario, se desvirtúa el mensaje y se termina el asunto en un pulso entre unos artistas que huyen hacia adelante apelando a la libertad y una institución, aparentemente ajena a los contenidos, que quiere desfacer entuertos para evitar el ruido.

La polémica está servida. Aunque afortunadamente la polémica surge en medio de una efervescente actividad cultural que nadie puede negar.

Nota al pie: hay quien querrá asociar esta polémica con el maltrato animal y por extensión con el mundo del toro, tan en boga últimanente. A esto añado: los antitaurinos protestan porque es inconcebible que se den las corridas de toros sin los toros. Yo protesto porque no concibo cómo a una persona que se supone culta no se le ha ocurrido hacer una instalación donde todo parezca vivo sin estarlo, sin herir sensibilidades innecesariamente. Se me ocurre, por ejemplo, la comparativa con Andrés Talavero y la instalación de pájaros que montó hace unos años en el San Jorge

No hay comentarios: