miércoles, 13 de mayo de 2009

La juventud tiene el mando (… en el Womad)


Pocas frases creo resumen mejor unos días, un Festival, un espíritu, el que vivimos este fin de semana pasado, que la frase con la que Elíades Ochoa nos quedó pensando en su cierre. Ni siquiera la lluvia pudo con el mejor Womad de los últimos años, prejuicios previos infundados mediante. El agua solo alcanzó a romper cuando la voz del cubano y el punteo de Guantamera – hubiera sido espectacular escucharla coreando por miles de voces- ya quedaban lejos, pero muy cerca, tras aquella apertura de Manantial Folk el jueves.

La juventud no es más que un estado de ánimo, dijo el arquitecto Frank Lloyd Wright. Lo recuerdo porque para el espíritu del Festival Womad esa juventud no está necesariamente ligada a lo biológico. Qué paradoja esta reflexión cuando nuestra manifestación cultural más representativa y fiel cumplía este año la mayoría de edad.
Pocos festivales, pocas actividades evolucionan tanto como lo ha hecho Womad. La adaptación, las metamorfosis, los cambios de imagen, los lavados de cara, las renuncias, las discrepancias hacen que sean características inherentes a aquellas siglas tan representativas de la música, las artes y la danza. Si uno de los principales reclamos para lograr la capitalidad cultural es la implicación ciudadana, en Womad esta se logra desde la acción y desde la opinión.

La juventud, desde aquellos inicios de los 90, ha evolucionado. En aquel entonces la difusión no se hacía a través de redes sociales, ni existía tanta sensibilidad ciudadana por determinadas cuestiones que hoy día son preocupación cotidiana. Esos jóvenes de entonces ya son adultos, padres y madres muchos, pero siguen siendo, para Womad, siempre jóvenes. El león de Womad representa para mucho el espíritu de Peter Pan. Womad representa para muchas generaciones de cacereños y de extremeños una vuelta a sus recuerdos, un reencuentro con la ciudad monumental despierta y vivaracha, una manera sencilla, tierna y eficaz de transmitir a los niños de esta ciudad valores tan importantes como los que Womad arrastra.

Muchas personas y muchas sensaciones. Sin tener los datos exactos no es para valorar nada más que positivamente una actividad que viene durando ya dieciocho años y que han contado con cerca de quinientos artistas y que es más que probable que haya sobrepasado el millón de espectadores. ¿Qué otras iniciativas culturales en Cáceres tienen esa carta de presentación? En todos los escenarios un público joven, independientemente de la edad, unos seguidores que se embriagan de música y que tienen en rojo en su calendario una cita obligada.

La juventud marca el devenir de Womad. Su fuerza, su empuje, su arraigo mutuo hicieron que fuera imparable su relanzamiento el año pasado, que coincidió curiosamente con un cúmulo de malos entendidos que fortalecieron la marca en nuestra ciudad.

Muchas veces ha sido Womad puesto en tela de juicio. Sin embargo en muy pocas ocasiones existe un mayor consenso ciudadano para reconocer que el festival de este año, por calidad, por previsión, por decisiones tomadas para favorecer la convivencia y porque hemos vuelto a la esencia, ha sido el mejor de los últimos tiempos.

La juventud no sólo vio el 10 de mayo que finalizó Womad. También finalizó el contrato administrativo firmado entre el principal organizador extremeño, el Consorcio Gran Teatro con Womad y Real World para estos dos años pasados. Pero la juventud de Womad, aquella que no es una edad sino un estado de ánimo, no entiende de contratos. Porque para quienes seremos siempre jóvenes en Womad, y por lo tanto tendremos el mando, el contrato estará siempre suscrito con la ciudad, con los escenarios de la Plaza, de San Jorge y de las Veletas. Con las comidas del mundo, con el descanso en el Foro de los Balbos. Solo aceptaremos mejoras y avances. Porque este estado de ánimo que se genera en Womad, con una juventud permanente, no podrá, parafraseando a Michel Crozier, cambiarlo nunca ningún decreto. Larga vida al Womad. Nos vemos en 2010, camino de los veinte años.

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