jueves, 13 de diciembre de 2007

Los maestros de la república


Acabo de terminar el libro de los Maestros de la República. Es la historia de muchas personas, muchas más de las que aparecen en el libro. Hay ocasiones en que parece que estamos leyendo las mismas vidas truncadas, las mismas injusticias en sitios diferentes, lo que produce una lectura lenta y sosegada que me ha llevado más de la cuenta quizás. Son vidas de personas olvidadas y de anónimos. Son testimonios protagonizados no solo por los represaliados, sino por aquellos que les denunciaron directamente o por aquellos que tuvieron el valor de depurarles de su función de maestros (familiares de estos últimos se sientan en nuestro Parlamento regional)

Es la historia del empeño de la Segunda República por construir una nueva sociedad a través de la educación: frente al afán de romper el conocimiento de la dictadura (y podría decirse que frente a los continuos cambios de modelos educativos que últimamente tenemos) La historia de la escuela como un espacio público compartido para toda la comunidad educativa.

Es un homenaje permanente a la enseñanza a la figura de unas personas, los maestros castigados muchas veces por la revancha y la envidia (si ahora es mala, imaginemos con pistolas y sed de sangre de por medio) Envidia, envidia, revancha, revancha… en casi todos los testimonios hay motivos para pensar que más allá de ideologías o de argumentos flojos, aquello era lo que prevaleció.

Es un libro que surge desde el empeño de una persona absolutamente comprometida, aunque el carácter a veces la traicione, como Maria Antonia Iglesias, y que ha tenido como colaborador de excepción a un extremeño, Antonio Sánchez-Marín, no sé si de nacencia o de sentimiento, que cuenta también la muerte de su tío Severiano.

Podrán llamarse de muchas maneras. En el libro, Severiano, Teófilo, José María o Balbina. De diversas procedencias: Cataluña, Galicia, Extremadura, Andalucía… pero de fondo surge la enorme huella que han dejado en sus alumnos, muchos de ellos ya muertos y los que aún viven son ya muy mayores.

Son testimonios en los que se ve la resignación tras tantos años, en los que se ve el endurecimiento de la familia, el alto grado de unión de ésta y la importancia que todo el mundo da a la mujer, como pieza fundamental del sostenimiento de familias que muchas veces tenían que sobrevivir con cajas de leche como mesa y de fruta haciendo las veces de silla.

Me quedo, finalmente, con dos cuestiones. La primera

Las familias, los testimonios, las personas que directamente o indirectamente han vivido todo esto precisan del derecho a tener dulces recuerdos de la infancia, algo de lo que se han visto privados

Y la segunda, que se la hacía una investigadora de uno de los maestros y que literalmente decía algo así como “De haber nacido en aquella época de la república a mí también me habrían fusilado” (¿pensamos nosotros igual?)

1 comentario:

Confidente dijo...

Esta semana se debate en el Congreso un tema controvertido y que le puede costar muchos votos al PSOE: http://extremaduraconfidencial.blogspot.com/2007/12/la-gae-y-el-canon-digital.html